Prohibición de la Interferencia: El Veneno Mortal en la Obra

El mayor enemigo de un suelo deportivo no es el uso diario, sino la fase de construcción.
Las normativas de instalación prohíben terminantemente la «interferencia de oficios» (trabajos cruzados). Si los albañiles, pintores o instaladores de techos siguen trabajando en la sala mientras se coloca el suelo, el desastre es inevitable.
Las partículas de arena o polvo de cemento que caen de los andamios se incrustan en las juntas de la madera. Con el tiempo, el peso de los atletas actúa como una lija gigante, triturando las juntas y creando chirridos permanentes. Además, las salpicaduras de pintura o disolventes pueden corroer el barniz deportivo. Un suelo deportivo solo puede instalarse cuando todos los trabajos húmedos y sucios han terminado y han sido inspeccionados. Proteger la cancha de la obra es la primera regla de oro.

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