En el baloncesto o el voleibol, la confianza del jugador en el suelo es absoluta.

Si un jugador bota el balón en la línea de tiro libre y luego lo hace en la zona de la canasta, la respuesta del suelo debe ser idéntica. La «consistencia en el rebote» es una métrica de calidad que evalúa la uniformidad de toda la superficie.
Los suelos mal nivelados o con almohadillas degradadas crean «puntos muertos» donde el balón rebota un 10-15% menos. Esto introduce un factor de azar inaceptable en el deporte. Los suelos profesionales se someten a pruebas de rebote en una cuadrícula de puntos a lo largo de toda la cancha para garantizar que la variación sea inferior al 3%. Esta precisión milimétrica asegura que el resultado del partido dependa únicamente del talento de los atletas, y no de las imperfecciones del terreno.

