En los últimos años, los suelos de polipropileno (PP) con diseño de suspensión flotante han revolucionado la industria deportiva.

A diferencia de los suelos tradicionales que requieren pegamento o clavos, estas baldosas modulares cuentan con bordes diseñados con conectores de machihembrado (broches). Esto permite que se ensamblen simplemente encajándolas unas con otras, como si fueran piezas de un rompecabezas gigante.
Esta tecnología de «flotación» significa que el suelo no está pegado a la base de hormigón, sino que descansa sobre ella. Esto permite que el pavimento se expanda y contraiga libremente con los cambios de temperatura sin agrietarse. Además, su diseño incluye una red de columnas de soporte en la parte inferior que crea una cámara de aire, proporcionando una amortiguación natural y permitiendo que el agua de lluvia drene rápidamente en exteriores. Su mayor ventaja es la movilidad: si un club necesita cambiar de ubicación, puede desmontar la cancha en cuestión de horas y volver a armarla en su nuevo destino, lo que la convierte en una inversión extremadamente flexible y rentable.

