En el mundo de los suelos deportivos, la métrica más importante para la salud del atleta es la tasa de absorción de impactos. Las normativas internacionales (como la norma DIN o FIBA) exigen que un suelo profesional absorba al menos el 53% de la energía de un impacto.

¿Qué significa esto en la práctica? Cuando un jugador de 80 kilos salta y aterriza, sus articulaciones reciben una fuerza enorme. Un suelo que absorbe el 53% de esa fuerza significa que solo el 47% restante viaja a través de los tobillos y las rodillas del atleta. Si el suelo fuera de hormigón, absorbería el 0% y el cuerpo tendría que absorber todo el golpe. Esta capacidad de amortiguación es literalmente una línea de vida que previene fracturas por estrés, tendinitis y daños articulares a largo plazo. Es la razón principal por la que los atletas profesionales exigen suelos certificados.

