Muchos gestores de instalaciones optan por suelos no profesionales baratos al inicio para ahorrar costos

pero esto suele acarrear gastos posteriores elevados. Los suelos de mala calidad carecen de sistemas de amortiguación eficaces, lo que a largo plazo causa frecuentes lesiones deportivas y aumenta el riesgo de demandas legales contra el recinto. Además, las superficies poco resistentes se deterioran en dos o tres años, arruinando la imagen del lugar. En cambio, invertir en un suelo deportivo profesional certificado por organismos como FIBA, aunque requiera una inversión inicial mayor, puede durar más de 10 años. Más importante aún, ofrece una experiencia deportiva excepcional, atrayendo eventos de mayor nivel y más socios. A largo plazo, un buen suelo deportivo ahorra costos de reemplazo frecuente y reduce el mantenimiento, siendo una decisión inteligente para potenciar la competitividad y el valor comercial del recinto.

