La madera es un material orgánico vivo que «respira» constantemente, absorbiendo o liberando humedad según el ambiente.

Por ello, el control estricto de la temperatura y la humedad relativa dentro del pabellón es el factor más determinante para la longevidad de un suelo deportivo de madera. Si la humedad relativa cae por debajo del 35% (común en invierno con calefacción intensa), la madera se secará y se encogerá, provocando la aparición de antiestéticas y peligrosas grietas entre las tablas. Por el contrario, si la humedad supera el 60-70% (típico de veranos húmedos), la madera absorberá agua, se expandirá y, al no tener espacio, el suelo se abombará o levantará, arruinando la nivelación de la cancha. Un estadio profesional debe contar con un sistema de climatización (HVAC) capaz de mantener una temperatura constante (alrededor de 20°C) y una humedad relativa estable entre el 40% y el 60% durante todo el año. Ignorar esta regla de la «respiración» de la madera es la causa número uno de fallos estructurales catastróficos en cualquier instalación deportiva.

