Muchos gestores de pabellones ignoran el mantenimiento científico posterior una vez instalado el suelo, lo que hace que suelos costosos pierdan brillo en dos o tres años

o incluso presenten un desgaste severo. En realidad, el mantenimiento del suelo deportivo de madera no requiere equipos extremadamente complejos, pero se deben evitar varios «errores fatales» comunes.
En primer lugar, está estrictamente prohibido lavar con grandes cantidades de agua o usar una fregona empapada. El agua es el enemigo mortal de los suelos de madera; el exceso de agua se filtrará en las juntas del barniz, provocando la absorción de humedad, la hinchazón de la madera y el desprendimiento del barniz. La forma correcta de limpieza diaria es utilizar una mopa profesional de microfibra junto con líquido de limpieza electrostático para barrer el polvo. Si hay manchas rebeldes, se debe utilizar una fregona ligeramente húmeda (bien escurrida) junto con un limpiador neutro especial para suelos, y secar rápidamente con un paño seco.
En segundo lugar, está prohibido usar limpiadores fuertemente ácidos o alcalinos, y mucho menos lejía (desinfectante 84) o estropajos de acero para fregar el suelo. Estos productos químicos corroerán gravemente la capa de barniz resistente al desgaste UV, haciendo que el suelo se vuelva blanco y pierda sus propiedades antideslizantes. Además, muchos pabellones aplican regularmente polvo antideslizante en el suelo para aumentar la fricción, pero hay que controlar la cantidad, ya que el exceso de polvo actuará como abrasivo, acelerando el desgaste del barniz. Se recomienda que, cada trimestre o cada seis meses, un equipo profesional realice una limpieza profunda y una restauración de la capa antideslizante del suelo, lo que puede prolongar su vida útil hasta 15 o incluso 20 años.

