Muchos gestores de instalaciones, una vez completada la instalación del pavimento, a menudo descuidan el mantenimiento técnico y especializado que se requiere posteriormente. Este descuido suele provocar que los costosos suelos pierdan su brillo —o incluso sufran un desgaste severo— en tan solo dos o tres años.

En realidad, el mantenimiento de los suelos deportivos de madera no exige equipos extremadamente complejos; sin embargo, resulta absolutamente esencial evitar varios errores comunes que pueden resultar «fatales».
En primer lugar, está estrictamente prohibido enjuagar el suelo con grandes cantidades de agua o fregarlo utilizando una fregona que gotee. El agua es el archienemigo de los suelos de madera; la humedad excesiva puede filtrarse en las grietas microscópicas del acabado, provocando que la madera absorba el agua y se hinche, lo que, en última instancia, conduce al desprendimiento de la capa protectora. El método correcto para la limpieza diaria consiste en utilizar una mopa profesional de microfibra para el polvo, combinada con una solución electrostática para la eliminación de partículas. Para las manchas persistentes, utilice una fregona ligeramente humedecida y muy bien escurrida, junto con un limpiador de suelos especializado y de pH neutro; acto seguido, seque inmediatamente la zona con un paño limpio y seco.
En segundo lugar, el uso de agentes de limpieza fuertemente ácidos o alcalinos está terminantemente prohibido; asimismo, nunca se deben utilizar desinfectantes agresivos (como la lejía) ni estropajos de lana de acero para fregar el suelo. Estos productos químicos corroen gravemente la capa de desgaste de la superficie —curada con rayos UV—, provocando que el pavimento adquiera un tono blanquecino y pierda sus propiedades antideslizantes. Además, muchas instalaciones aplican periódicamente polvos antideslizantes sobre el suelo para mejorar la tracción; no obstante, resulta crucial controlar con precisión la cantidad aplicada, ya que un exceso de estos polvos puede actuar como abrasivo, acelerando así el desgaste del acabado protector. Se recomienda contratar a un equipo profesional, con una periodicidad trimestral o semestral, para realizar una limpieza profunda y restaurar la capa antideslizante; esta práctica puede prolongar la vida útil del pavimento hasta los 15 años, e incluso superar los 20 años.

