La calidad del proceso de instalación determina directamente el rendimiento final del pavimento deportivo. Un protocolo de instalación estándar suele comprender las siguientes etapas:

inspección del emplazamiento, colocación de la barrera antihumedad, posicionamiento e instalación de las vigas de soporte, instalación del subsuelo, aplicación de capas de impermeabilización y aislamiento acústico, instalación de los paneles de superficie y, finalmente, el marcado de la pista y la limpieza.
Entre estos pasos, la nivelación y la alineación de las vigas de soporte revisten una importancia primordial. Dadas las amplias dimensiones de las instalaciones deportivas, incluso las irregularidades más minúsculas en el subsuelo pueden magnificarse considerablemente a lo largo de grandes distancias, lo que podría derivar en la aparición de zonas huecas o en el abombamiento de los paneles de superficie. En consecuencia, el equipo de instalación debe emplear niveles láser profesionales para realizar mediciones basadas en una cuadrícula, garantizando así que la desviación de altura de cada viga individual se mantenga dentro de una tolerancia de apenas unos milímetros. Asimismo, la instalación de los paneles de superficie exige la disposición de juntas de dilatación para absorber la expansión y contracción natural de la madera en respuesta a las fluctuaciones de humedad; un detalle crucial para prevenir la deformación y el alabeo del pavimento.

