Las especificaciones de los suelos no se limitan a las dimensiones;

también influyen directamente en la experiencia del usuario. Por ejemplo, los paneles de superficie más delgados (<20 mm) son propensos a agrietarse y deformarse, mientras que los paneles más gruesos (>25 mm) aumentan los costes y reducen la elasticidad. Los paneles anchos (>80 mm) tienen un aspecto impresionante, pero son susceptibles a daños por humedad y deformaciones, mientras que los paneles estrechos (<60 mm) ofrecen mayor estabilidad, pero presentan más juntas.
La separación estándar entre las vigas es de 400 mm x 400 mm. Aumentarla a más de 500 mm puede provocar un colapso localizado. Los suelos con una densidad de amortiguación inferior a 80 kg/m³ proporcionan una amortiguación insuficiente. Es fundamental dejar juntas de dilatación (normalmente de 8 a 12 mm) durante la instalación; de lo contrario, los cambios de temperatura y humedad pueden provocar fácilmente arqueamientos.
Además, el grosor del revestimiento de la superficie también afecta al rendimiento: un revestimiento UV fino (<0,1 mm) reduce la resistencia al desgaste, mientras que un revestimiento grueso (>0,3 mm) lo vuelve frágil y propenso al agrietamiento. Por lo tanto, la selección de las especificaciones debe basarse en cálculos científicos y experiencia en ingeniería, en lugar de simplemente buscar «cuanto más grueso, mejor» o «cuanto más barato, mejor».

