No todos los suelos de madera deportivos son universales. Cada deporte tiene requisitos específicos para el rendimiento de los suelos.

Por ejemplo, el baloncesto requiere una alta tasa de rebote (≥90%) y un coeficiente de fricción moderado (alrededor de 0,5) para cambios de dirección y saltos rápidos; el bádminton requiere una fricción menor (0,4-0,5) para reducir la resistencia al impulso, además de una alta absorción de impactos para proteger las rodillas y los tobillos; las pistas de gimnasia y danza prefieren una mayor deformación vertical (3-5 mm) y una sensación suave al pisar para amortiguar el impacto al rodar y aterrizar; mientras que las pistas de tenis de mesa priorizan la planitud de la superficie y la baja reflectividad para evitar interferencias visuales.
Por lo tanto, los recintos profesionales suelen utilizar sistemas de suelo personalizados. Las canchas de baloncesto suelen contar con vigas de alta elasticidad con capas superficiales de arce; las pistas de bádminton pueden optar por una estructura ligeramente más blanda con revestimiento antideslizante; las pistas multiusos utilizan colchonetas elásticas ajustables para adaptarse a múltiples usos. Normas internacionales como la DIN 18032-2 también establecen clasificaciones (Clase A/B/C) para diferentes deportes que orientan la selección.
Los usuarios deben definir claramente sus principales escenarios de uso antes de comprar para evitar una solución universal. Por ejemplo, si un gimnasio escolar se dedica principalmente al baloncesto, no necesita alcanzar la flexibilidad necesaria para la gimnasia, ya que esto podría provocar una velocidad de pelota lenta y condiciones inestables en la cancha. Adaptarse con precisión a las necesidades es clave para lograr el equilibrio óptimo entre rendimiento, seguridad y coste.

