El rendimiento de los suelos de madera deportivos determina directamente su idoneidad para actividades deportivas de alta intensidad. Según normas internacionales (como DIN 18032 y FIBA), sus principales características incluyen la absorción de impactos, la tasa de rebote del balón, el coeficiente de fricción por deslizamiento, la deformación vertical y la tasa de retorno de energía.

La tasa de absorción de impactos refleja la capacidad del suelo para amortiguar el impacto del aterrizaje del atleta. Los suelos de madera deportivos de alta calidad deben alcanzar una tasa del 53 % o superior para proteger eficazmente las articulaciones de la rodilla y el tobillo. La tasa de rebote del balón se refiere al porcentaje de la altura de rebote de una pelota de baloncesto tras caer desde una altura específica. Los productos certificados deben tener una tasa ≥90 % para garantizar la equidad en la competición. El coeficiente de fricción por deslizamiento se controla idealmente entre 0,4 y 0,6: una tasa demasiado baja hace que el suelo sea resbaladizo, mientras que una tasa demasiado alta dificulta las paradas repentinas y los cambios de dirección.
La deformación vertical mide el grado de hundimiento del suelo bajo presión. El requisito estándar es ≤2,3 mm. Una deformación excesiva afectará la estabilidad atlética. La tasa de retorno de energía refleja la eficiencia del suelo para devolver la energía cinética, típicamente entre el 40 % y el 60 %, lo que ayuda a mejorar la potencia explosiva del atleta.
Además, los suelos de madera deportivos deben tener una buena planitud (≤2 mm/2 m), resistencia a la deformación y durabilidad. En entornos con fluctuaciones significativas de temperatura y humedad, los suelos de alta calidad deben mantener la estabilidad dimensional, sin agrietarse ni deformarse. Estos indicadores de rendimiento constituyen, en conjunto, el estándar profesional para suelos de madera deportivos y son parámetros técnicos clave que deben considerarse durante la adquisición.

