Materiales básicos de los suelos de madera para deportes

Como elemento fundamental de la infraestructura de instalaciones deportivas profesionales, la elección de materiales para los suelos deportivos de madera determina directamente la experiencia del usuario y su vida útil.

Actualmente, los materiales más comunes en el mercado se dividen principalmente en dos categorías: suelos deportivos de madera maciza y suelos deportivos de madera compuesta. Cada uno presenta ventajas en cuanto a las características de la materia prima y los escenarios de aplicación, lo que exige una selección precisa en función de las necesidades de la instalación. Los suelos deportivos de madera maciza utilizan troncos naturales como materia prima principal, siendo las maderas más comunes el arce, el roble y el fresno. El arce, material preferido para competiciones internacionales, posee una densidad moderada (650-700 kg/m³), una textura fina y una excelente elasticidad. Su dureza superficial alcanza los 1000-1200 N, resistiendo eficazmente el impacto de la actividad deportiva, mientras que la tenacidad de la madera reduce el riesgo de lesiones articulares para los atletas. El roble es conocido por su alta resistencia y durabilidad, con una dureza de 1300-1500 N, lo que lo hace idóneo para instalaciones de uso frecuente y alto tránsito, como gimnasios escolares y centros deportivos públicos. La madera de fresno ofrece una excelente relación calidad-precio, una textura atractiva y buena estabilidad, lo que la convierte en una opción ideal para espacios de gama media y baja. Las principales ventajas de los suelos de madera maciza radican en su respeto por el medio ambiente, su agradable sensación al tacto y su buena conductividad térmica, que elimina la sensación de frío en invierno. Sin embargo, es necesario un mantenimiento regular para solucionar los problemas de deformación causados ​​por los cambios de temperatura y humedad. Los suelos deportivos de madera compuesta constan de una capa superficial resistente al desgaste, un núcleo y una capa inferior de equilibrio. La capa superficial suele ser de chapa de arce o roble, mientras que el núcleo es de madera contrachapada multicapa o tablero de fibra de alta densidad (HDF). Su principal ventaja es su alta estabilidad. Mediante un proceso de prensado cruzado multicapa, contrarresta eficazmente la contracción y expansión naturales de la madera, lo que la hace idónea para entornos con grandes diferencias de temperatura y humedad inestable. Los materiales compuestos también presentan una resistencia al desgaste superior. Tras aplicar un recubrimiento de óxido de aluminio resistente al desgaste, la resistencia al desgaste puede superar las 4000 revoluciones, sobrepasando con creces el estándar de 2000 revoluciones de los suelos de madera maciza. Además, su mantenimiento es más económico, ya que no requiere encerado frecuente. Sin embargo, en cuanto a la sensación al tacto y la elasticidad, los suelos compuestos son ligeramente inferiores a los de madera maciza, por lo que resultan más adecuados para espacios con presupuestos ajustados que buscan una alta rentabilidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio