Un suelo conforme en todos los ensayos puede quedar lavado en pantalla y encandilar a los deportistas: una recepción así sigue siendo un fracaso. Las propiedades ópticas rara vez figuran en el pliego, pero son la fuente más directa de la percepción de calidad por usuarios y espectadores, y resultan prácticamente irremediables una vez ejecutadas.

El problema proviene de tres clases de reflexión. Especular: los acabados de alto brillo forman imágenes de luminarias y lucernarios, produciendo deslumbramiento localizado, especialmente sensible en bádminton, tenis de mesa y tenis, donde la mirada se mantiene elevada. Difusa: una luminosidad excesiva del acabado aplana el espacio y fatiga la vista. Direccional (brillo variable con el ángulo): hace que el suelo parpadee claro-oscuro durante la carrera, interfiriendo la apreciación de velocidad y bote. Los medios de control respectivos son: reducir el brillo (mate o satinado), controlar la relación de luminancias entre suelo y paramentos, y evitar texturas unidireccionales de gran extensión.
El valor de brillo debe cuantificarse. Puede fijarse un límite superior de brillo a sesenta grados (por ejemplo treinta-cuarenta unidades), exigiendo valores medidos al proveedor en lugar de adjetivos como «mate». El brillo de la pintura de línea debe aproximarse al del área de juego: líneas demasiado brillantes generan halos en imagen, demasiado oscuras dificultan la apreciación in situ. En instalaciones con retransmisión en alta definición conviene añadir una prueba de filmado real desde los ángulos típicos de cámara, pues la lectura instrumental no coincide plenamente con la percepción en imagen.
La uniformidad de iluminancia y la reflectancia del suelo se diseñan acopladas. Una reflectancia alta permite bajar potencia y mejora la iluminancia vertical; pero excesiva y con fotometría inadecuada genera deslumbramiento secundario. Lo correcto es que proyectista de iluminación y proveedor de suelo intercambien datos antes de ejecutar: el proveedor aporta curvas espectrales de reflectancia (no un único valor blanco), y el iluminador calcula y devuelve la distribución prevista de luminancias. Quejarse del reflejo cuando las luminarias ya están instaladas condena a un litigio de responsabilidades sin salida.

