La humedad del soporte es la primera causa de fallo prematuro en suelos deportivos, y su daño es lento e irreversible: primero se alabean los bordes y ennegrecen las juntas, luego ampollan y caen los recubrimientos, y finalmente se produce el abombamiento generalizado. Cuando aparecen estos síntomas

el perjuicio ya es irreparable. Por ello, el esfuerzo contra la humedad debe adelantarse a la fase de detección y diseño constructivo previo a la colocación, no a los remiendos posteriores.
El agua del forjado de hormigón tiene tres orígenes: el agua de amasado residual, la ascensión capilar desde el subsuelo y las filtraciones por paramentos o tuberías. Una losa nueva, aun con la superficie aparentemente seca, puede retener gran cantidad de agua libre en su interior, cuya liberación puede prolongarse meses e incluso más de un año. Juicios empíricos como «al tacto parece seco» o «veintiocho días de curado bastan para pavimentar» son errores graves: solo valen los datos medidos.
El método de ensayo condiciona la conclusión. El método de cloruro cálcico (ASTM F1869) mide la emisión de vapor por unidad de superficie en veintiocho horas, reflejando la tasa de evaporación superficial y siendo sensible a temperatura y humedad ambientales; el método de sonda de humedad relativa (ASTM F2170) sella un探头 en un taladro durante cuarenta y ocho horas y lee la HR interior del forjado, midiendo el estado de equilibrio interno, más fiable para losas gruesas y secado por una sola cara. Ambos pueden complementarse, pero en caso de discrepancia prevalece el de humedad relativa. Los puntos de medición deben distribuirse por superficie, no menos de tres por cada cien metros cuadrados, cubriendo obligatoriamente zonas de riesgo: cercanías de muros exteriores, bordes de pilares, juntas de dilatación y depresiones.

