El suelo no es la única causa de lesión, pero suele ser la variable olvidada. Estudios epidemiológicos y experimentos biomecánicos han demostrado reiteradamente que la respuesta mecánica del sistema de suelo modifica significativamente los patrones de carga de las extremidades inferiores

influyendo en la probabilidad de esguinces de tobillo, síndrome de estrés tibial, tendinopatía rotuliana y lesiones del ligamento cruzado anterior. Comprender estos mecanismos permite convertir el suelo de un mero «receptor pasivo» en un elemento activo de control del riesgo.
La capacidad de absorción de impactos se relaciona directamente con la fatiga de las extremidades inferiores. Cuando la tasa de reducción de fuerza es insuficiente, aumenta la fuerza pico transmitida a huesos y tejidos blandos en cada aterrizaje. El daño microacumulado es el desencadenante típico de periostitis tibial y fracturas por estrés, especialmente acusado en equipos juveniles en concentración y en atletas recién incorporados. Un estudio de seguimiento en pabellones de entrenamiento juvenil de baloncesto mostró que, al elevar la absorción de impactos del veinte al cuarenta por ciento, la tasa de informes de lesiones por sobrecarga de miembros inferiores descendió aproximadamente un treinta por ciento en doce meses. Cabe advertir que mayor amortiguación no siempre es mejor: un suelo excesivamente blando obliga al tríceps sural y al tendón de Aquiles a realizar más trabajo estabilizador, incrementando paradójicamente el riesgo de tendinopatía aquilea.
La tracción rotacional es el parámetro clave en las lesiones de rodilla. La resistencia al giro entre la suela y el suelo determina si el pie puede liberarse a tiempo durante un cambio de dirección. Si la resistencia es excesiva, el pie queda «clavado» mientras el tronco sigue girando, forzando a la rodilla a soportar una carga combinada de valgo más rotación interna, mecanismo clásico de la lesión no contactual del ligamento cruzado anterior. Tanto la norma europea EN 14904 como la ASTM F1936 fijan intervalos máximos para la resistencia rotacional, precisamente para evitar que el suelo resulte «demasiado

