Las propiedades antideslizantes del suelo deportivo están directamente relacionadas con la seguridad deportiva y el rendimiento competitivo de los deportistas. El coeficiente de fricción entre la superficie del suelo y la suela de las zapatillas debe mantenerse dentro de un rango razonable: ni demasiado bajo, para evitar resbalones, ni demasiado alto, para no obstaculizar la movilidad ágil de los deportistas.

El rango estándar del coeficiente de fricción varía según la disciplina deportiva. La Federación Internacional de Baloncesto establece que el coeficiente de fricción dinámica del suelo de baloncesto debe situarse entre cero coma cuatro y cero coma siete. Por debajo de cero coma cuatro, los deportistas tienden a resbalar y caer durante las frenadas bruscas y los cambios de dirección; por encima de cero coma siete, el agarre entre la suela y el suelo es excesivo, de modo que las articulaciones de la rodilla y el tobillo soportan un par de torsión demasiado elevado al girar, incrementando el riesgo de lesión del ligamento cruzado anterior. Cada disciplina deportiva establece sus propios estándares de coeficiente de fricción en función de las características de sus movimientos.
El diseño de la textura superficial es el principal medio para regular el coeficiente de fricción. Las microtexturas en relieve aumentan el área de contacto y la fuerza de anclaje mecánico, elevando así el coeficiente de fricción. Una textura excesivamente rugosa, en cambio, incrementa el desgaste y afecta al rendimiento de rodamiento del balón. Los suelos deportivos de PVC suelen adoptar texturas superficiales tipo piel de lichi, tipo gema o tipo madera; mediante un proceso de estampado de precisión se controla la profundidad y la separación de la textura, manteniendo el coeficiente de fricción estable dentro del rango objetivo.
El recubrimiento superficial ejerce una influencia significativa sobre el coeficiente de fricción. El espesor y el brillo de la capa de barniz de poliuretano modifican la rugosidad microscópica de la superficie del suelo, afectando así a su comportamiento frictional. Un barniz de alto brillo hace que la superficie sea más lisa, con un coeficiente de fricción más bajo; un barniz mate conserva mayor rugosidad

