Durante su uso prolongado, el suelo deportivo está expuesto de forma continua a variaciones de temperatura y humedad; las propiedades físicas de los materiales fluctúan según las condiciones ambientales, lo que a su vez afecta al rendimiento deportivo y a la seguridad de uso. Comprender las características de respuesta ambiental del suelo resulta de gran importancia para la gestión operativa y el mantenimiento del pabellón.

Los cambios de temperatura influyen de forma significativa en el módulo elástico de los materiales del suelo. En entornos de baja temperatura, el movimiento de las cadenas moleculares de materiales poliméricos como el PVC y el caucho se ve restringido, el material se vuelve más duro y quebradizo, y la tasa de respuesta elástica disminuye, de modo que el deportista percibe el suelo como «duro» y la capacidad de absorción de impactos se reduce. En entornos de alta temperatura, el movimiento molecular se intensifica, el suelo se ablanda y la deformación vertical aumenta, pudiendo el deportista tener la sensación de «pisar en vacío». Los suelos deportivos de alta calidad, mediante la optimización de fórmulas y la modificación de materiales, reducen al mínimo la sensibilidad térmica de sus propiedades elásticas, garantizando un rendimiento deportivo estable en un rango de temperatura de uso de diez a treinta y cinco grados centígrados.
La humedad afecta de forma especialmente significativa a los suelos deportivos de madera maciza. La madera es un material higroscópico natural: cuando la humedad relativa del entorno aumenta, absorbe la humedad del aire y se expande; cuando la humedad disminuye, libera agua y se contrae. Este fenómeno de hinchamiento por humedad y contracción por sequedad puede provocar abombamientos, alabeos y grietas en las juntas del suelo. La instalación de suelos deportivos de madera maciza debe prever juntas de dilatación suficientes y contar con un sistema de ventilación adecuado que mantenga la humedad relativa del pabellón entre el cuarenta y el sesenta por ciento.

