Los pabellones deportivos, en tanto que edificios de uso público, dependen directamente del comportamiento ignífugo de sus materiales de acabado interior para garantizar un tiempo de evacuación seguro en caso de incendio.

Las normas de seguridad ignífuga del suelo deportivo constituyen, por tanto, un requisito normativo de obligado cumplimiento en la construcción y explotación de estas instalaciones.
La norma nacional china GB 8624 clasifica el comportamiento al fuego de los materiales de construcción en cuatro niveles: clase A, no combustible; clase B1, de difícil combustión; clase B2, combustible; y clase B3, fácilmente combustible. Los suelos utilizados en pabellones deportivos deben alcanzar normalmente la clase B1 o superior. Los materiales de clase B1 son de difícil ignición al ser expuestos a una fuente de fuego y se autoextinguen al retirarse dicha fuente, con una velocidad de propagación de la llama extremadamente lenta.
El rendimiento ignífugo de los suelos deportivos de PVC depende principalmente de los aditivos ignífugos incorporados en su formulación. Los ignífugos de uso habitual incluyen los inorgánicos, como el hidróxido de aluminio y el hidróxido de magnesio, y los orgánicos de tipo fosforado y nitrogenado. Estos aditivos inhiben el proceso de combustión mediante mecanismos como la descomposición endotérmica, la liberación de gases no combustibles o la formación de una capa de carbón aislante térmico al ser expuestos al calor.
El tratamiento ignífugo de los suelos deportivos de madera maciza resulta relativamente complejo. Mediante la aplicación de pinturas intumescentes sobre la superficie de la madera, se forma una capa protectora de carbón expandido en las fases iniciales del incendio, que actúa como barrera impidiendo la transmisión de oxígeno y calor hacia el sustrato de madera. No obstante, la durabilidad de estas pinturas requiere inspección y mantenimiento periódicos.

