El problema del ruido en los recintos deportivos suele pasarse por alto, pero afecta directamente a la concentración de los atletas y a la experiencia de uso del recinto. El rendimiento acústico del suelo deportivo se manifiesta principalmente en dos aspectos: el aislamiento acústico a impactos y la absorción acústica.

El aislamiento acústico a impactos se refiere a la capacidad del suelo para bloquear los sonidos de impacto, como pisadas o saltos. Los suelos deportivos de estructura multicapa compuesta, al contar con una capa intermedia de amortiguación elástica, pueden reducir eficazmente la transmisión del sonido de impacto. Esto resulta especialmente importante en recintos situados en edificios de varias plantas, para evitar que el ruido moleste a los espacios inferiores.
El rendimiento de absorción acústica, por su parte, está relacionado con el eco y la reverberación dentro del recinto. Los suelos duros tienden a reflejar las ondas sonoras, creando un ambiente sonoro confuso y ruidoso. Algunos suelos deportivos presentan un tratamiento superficial con microporos o se combinan con una base fonoabsorbente, lo que permite absorber parte de las ondas sonoras y mejorar el ambiente acústico del recinto.
En los pabellones de baloncesto, el frecuente sonido del bote del balón y de las pisadas genera un ruido considerable. Si el aislamiento acústico del suelo es deficiente, no solo dificulta la comunicación entre los atletas, sino que también puede molestar a los vecinos.
Los gimnasios escolares y los recintos polivalentes deben prestar especial atención al rendimiento acústico. Estos espacios suelen combinar funciones de enseñanza, espectáculos y reuniones, por lo que un buen diseño de aislamiento y absorción acústica mejora la adaptabilidad del espacio a múltiples usos.

