Los recintos deportivos son lugares con gran afluencia de personas, por lo que el rendimiento ignífugo del suelo afecta directamente a la seguridad de la evacuación en caso de incendio. Por ello, la clasificación ignífuga del suelo deportivo es un indicador fundamental que debe tenerse en cuenta al adquirirlo.

Según las normas nacionales pertinentes, la clasificación ignífuga de los suelos deportivos se divide habitualmente en varios niveles; entre ellos, el nivel B1 corresponde a materiales de combustión difícil, capaces de frenar en cierta medida la propagación de las llamas. Los pabellones deportivos profesionales suelen exigir que el suelo alcance el nivel B1 o superior.
El rendimiento ignífugo depende principalmente de la composición del material del suelo. Durante la fabricación de los suelos deportivos de PVC se añaden retardantes de llama, de modo que no arden con facilidad al entrar en contacto con fuego directo y, en caso de combustión, no generan grandes cantidades de humo tóxico. Los suelos de caucho también presentan un buen rendimiento ignífugo, siendo adecuados para lugares con mayores exigencias de protección contra incendios.
Además del material en sí, el método de instalación también influye en el efecto ignífugo. Si existen huecos entre el suelo y la base, en caso de incendio pueden formarse canales de aire que aceleren la propagación del fuego. Por ello, durante una instalación profesional se debe garantizar que el suelo quede bien adherido a la base.
Además, los recintos deportivos deben contar con instalaciones de protección contra incendios completas, como extintores, detectores de humo y vías de evacuación, que junto con el suelo ignífugo conformen un sistema de seguridad integral.

