Cada vez que un jugador de baloncesto aterriza de un mate

sus rodillas absorben una fuerza equivalente a varias veces su peso corporal. Sin un suelo adecuado, esa energía destructiva viaja directamente a través de los huesos hasta las articulaciones, provocando lesiones a largo plazo. La «absorción de impacto» es la capacidad del suelo para disipar esa energía antes de que llegue al cuerpo del atleta.
Las normativas europeas (DIN 18032) exigen una absorción mínima del 23%. Esto significa que el suelo debe deformarse lo suficiente como para «robar» al menos una cuarta parte de la energía del impacto. Los sistemas de madera flotante con almohadillas de caucho de alta densidad pueden alcanzar cifras superiores al 50%, creando una superficie que literalmente salva las rodillas de los deportistas de élite.

