La madera es un material vivo que se expande con la humedad y se contrae con la sequedad.

En una cancha de 40 metros de largo, una variación de humedad del 5% puede generar movimientos de varios centímetros. Si no se prevén juntas de dilatación adecuadas, la madera se agrietará o se levantará, arruinando la superficie.
Los ingenieros calculan el coeficiente de expansión térmica e higroscópica de cada especie de madera para determinar la anchura exacta de las juntas. Estas se rellenan con selladores elásticos de poliuretano que se estiran y comprimen sin perder adherencia. Además, se dejan perímetros de expansión ocultos bajo los zócalos, creando un sistema integral que permite al suelo «respirar» durante los cambios estacionales sin sufrir daños.

