La dureza de la capa superficial de un suelo deportivo es un compromiso crítico. Si es demasiado blanda

las zapatillas y los tacones de las sillas dejarán marcas profundas y la superficie se desgastará prematuramente. Si es demasiado dura, perderá su capacidad de absorción de impactos y resultará agresiva para las articulaciones.
Los ingenieros logran este equilibrio mediante barnices de poliuretano de doble componente con partículas de corindón (óxido de aluminio) integradas. Estas micro-partículas proporcionan una resistencia extrema a la abrasión, mientras que la matriz de poliuretano mantiene la flexibilidad necesaria para absorber la energía cinética. Es una fórmula química precisa que permite que el suelo sea un escudo contra el desgaste y un colchón para el atleta simultáneamente.

