Existe una tendencia peligrosa en gimnasios comerciales o escuelas con presupuestos ajustados:

intentar usar madera doméstica para ahorrar dinero. Esto es un error catastrófico. La madera doméstica está diseñada para soportar el peso de un sofá o los pasos suaves de una familia, no el impacto de un salto de 100 kilos.
La diferencia estructural es abismal. Un suelo deportivo tiene una tasa de absorción de impactos superior al 53%, mientras que la madera doméstica apenas llega al 20%. Jugar baloncesto sobre madera doméstica es biomecánicamente equivalente a jugar sobre cemento. Además, el barniz doméstico no tiene la fricción controlada, lo que resulta en un suelo resbaladizo que causa esguinces. El ahorro inicial en materiales se paga con creces en lesiones deportivas y en la necesidad de reemplazar el suelo en menos de dos años.

