Cuando un jugador cae con fuerza en un punto de la cancha, la vibración no debería extenderse como una onda en un estanque.

Si el suelo tiene una «vibración de área» excesiva, los jugadores que están parados a varios metros de distancia sentirán el temblor, lo que puede desequilibrarlos o causar incomodidad.
Los suelos deportivos de alta calidad están diseñados para confinar la deformación. Gracias a la estructura de doble viga y a la densidad del contrapiso, el impacto se disipa verticalmente en lugar de propagarse horizontalmente. Esto significa que la amortiguación es localizada: solo el punto exacto del aterrizaje cede, mientras que el resto de la cancha permanece estable y firme. Este control de la vibración es esencial para deportes de equipo donde múltiples jugadores comparten el espacio simultáneamente.

