El hormigón de los cimientos de un edificio siempre contiene algo de humedad

la cual tiende a migrar hacia arriba con el tiempo. Si esta humedad entra en contacto directo con la madera de un suelo deportivo, el resultado es desastroso: la madera se hincha, aparecen hongos y todo el sistema se arruina prematuramente. Para evitar este problema crítico, se instala una capa de protección antihumedad, generalmente una lámina de polietileno (PE), justo sobre la losa de concreto.
Esta fina pero resistente membrana actúa como una barrera de vapor, bloqueando completamente la humedad ascendente y protegiendo la integridad estructural de la madera. Además de su función principal de impermeabilización, esta capa también ayuda a reducir la fricción entre el hormigón y la estructura de madera, permitiendo que el suelo flote y se mueva libremente durante los cambios de temperatura sin generar chirridos molestos. En algunos casos, también ayuda a equilibrar la diferencia de temperatura entre el suelo y el ambiente. Es una medida de protección pasiva, económica y absolutamente indispensable en cualquier instalación deportiva profesional, actuando como un verdadero impermeable que garantiza la longevidad de la cancha.

