Un pabellón deportivo no solo soporta el peso de los atletas; también debe resistir el paso de estructuras masivas.

Canastas de baloncesto con ruedas, gradas retráctiles, escenarios para eventos y máquinas de gimnasio ejercen una presión concentrada enorme sobre el suelo. La métrica que evalúa esta capacidad se llama «carga rodante».
Para ser considerado un suelo profesional, debe ser capaz de soportar una carga mínima de 1500 Newtons (aproximadamente 150 kilogramos de presión concentrada en las ruedas) sin que la superficie se deforme permanentemente, se agriete o se rompan sus capas internas. Si un suelo no cumple con este estándar, el simple hecho de mover una canasta de un lado a otro de la cancha dejaría surcos y hundimientos, creando peligrosos tropiezos y arruinando la uniformidad del juego. Los suelos de madera logran esto mediante paneles de alta densidad y vigas reforzadas, mientras que los suelos de PVC dependen de su capa de fibra de vidrio y su base compacta. Es una prueba de resistencia estructural vital para cualquier instalación multifuncional.

