En deportes de pelota, la consistencia es sinónimo de justicia.

Un suelo deportivo profesional debe garantizar que la pelota rebote exactamente con la misma fuerza en cualquier punto de la cancha. Las normativas internacionales exigen que una pelota reglamentaria, al caer desde 1.8 metros, rebote al menos un 90% de la altura que lo haría sobre hormigón.
Los suelos de baja calidad o mal instalados pueden desarrollar «puntos muertos», zonas donde la elasticidad se ha perdido y la pelota bota de manera irregular. Esto es un desastre para el juego: un jugador puede calcular mal su pase o su tiro simplemente porque la pelota rebotó menos de lo esperado en esa zona específica. Los suelos de madera profesional y los de PVC multicapa están diseñados para distribuir la presión de manera uniforme, eliminando estos puntos muertos. Esta uniformidad asegura que el resultado del partido dependa exclusivamente de la habilidad de los atletas y no de las imperfecciones del terreno de juego.

