Si alguna vez has visto un suelo de PVC enrollarse o encogerse en los bordes, sabrás que la estabilidad dimensional es un gran desafío para los materiales plásticos.

Para resolver este problema, los fabricantes de suelos deportivos de alta calidad incorporan una capa interna de fibra de vidrio (fiberglass). Esta malla, que suele tener un grosor de 1000 deniers, actúa como una armadura invisible dentro del pavimento.
La fibra de vidrio es extremadamente resistente a la tracción y no se expande ni se contrae con los cambios de temperatura. Al estar embebida en el núcleo del suelo, garantiza que las dimensiones de la cancha permanezcan inalterables a lo largo de los años, evitando que aparezcan huecos entre las tiras o que los bordes se levanten. Además, esta capa proporciona una mayor resistencia estructural, permitiendo que el suelo soporte cargas pesadas sin deformarse permanentemente. Es un componente técnico esencial que asegura que la cancha de baloncesto o voleibol mantenga sus proporciones exactas y su integridad física, independientemente del clima o del uso intensivo.

