El suelo deportivo de madera tiene una naturaleza «delicada» y es extremadamente sensible a la temperatura y humedad ambientales.

Una humedad excesiva hará que la madera se expanda, causando abombamientos; una humedad demasiado baja provocará contracción y grietas. Por ello, mantener la temperatura y humedad óptimas en el recinto es crucial. En verano, se recomienda mantener la temperatura entre 20-25 °C y la humedad entre el 45% y el 60%; si supera el 70%, es obligatorio usar deshumidificadores. En invierno, la temperatura ideal es de 18-22 °C con una humedad del 35%-50%; si el ambiente es muy seco, usa humidificadores, manteniendo el cabezal a más de 1 metro del suelo. Durante la temporada de lluvias, ventila 30 minutos diarios y aplica tratamiento antihumedad en los zócalos. Un control ambiental científico previene daños físicos y asegura que la fricción y elasticidad estén siempre en su punto óptimo.

