La solidez de un suelo deportivo de madera no es aleatoria; es el resultado de cálculos matemáticos precisos

especialmente en lo que respecta al espaciado de las vigas (listones). La distancia estándar entre el centro de una viga y otra suele ser de 400 mm o 600 mm, dependiendo del grosor del panel de madera y del uso previsto de la cancha. Un espaciado más cerrado (400 mm) proporciona una mayor rigidez y resistencia a la deformación, ideal para estadios de élite o zonas donde se colocarán cargas muy pesadas. Un espaciado más amplio (600 mm) puede ser suficiente para gimnasios de uso moderado y ayuda a optimizar costes. Además, la fijación de las vigas al subsuelo mediante clavos o anclajes debe seguir una densidad exacta: demasiados clavos desperdician material y pueden astillar la madera, mientras que muy pocos comprometen la integridad de la estructura, pudiendo provocar crujidos o movimientos. Esta «matemática oculta» bajo la cancha es lo que garantiza una superficie de juego perfectamente nivelada y firme.

