Si bien el arce es la opción más común, se pueden utilizar otras maderas como alternativas para suelos deportivos en situaciones con presupuestos limitados o con diferentes requisitos de estilo.

El roble blanco tiene una dureza similar a la del arce (Janka aproximadamente 1360), una veta gruesa y buena resistencia al desgaste, y se utiliza a menudo en salas de entrenamiento o gimnasios escolares. El abedul es más económico, pero ligeramente menos duro, lo que lo hace adecuado para aplicaciones de baja intensidad. El haya tiene un color cálido y un buen rendimiento de procesamiento, pero es propenso a deformarse en ambientes húmedos y requiere un estricto control de la humedad.
En los últimos años, el bambú ha cobrado protagonismo debido a su naturaleza renovable y su alta dureza (algunos tipos de bambú carbonizado pueden alcanzar más de 1600 Janka). Sin embargo, los suelos de bambú presentan una anisotropía significativa y son propensos a deformarse debido a los cambios de humedad, por lo que aún no se utilizan ampliamente en instalaciones deportivas profesionales.
Es importante tener en cuenta que, independientemente del tipo de madera elegido, debe cumplir con normas internacionales como GB/T 20229-2023 «Suelos de madera para gimnasios» o DIN 18032, que establecen estrictos requisitos de contenido de humedad (8%-12%), planitud y resistencia a la flexión. Incluso si la madera de inferior calidad parece similar, puede agrietarse o deformarse debido a tensiones internas desiguales, lo que pone en peligro la seguridad de los atletas.
Por lo tanto, la selección del material no solo debe considerar el precio o el color, sino también si cumple con los requisitos funcionales del entorno deportivo.

