Los suelos deportivos de madera no son una solución universal;

cada deporte tiene requisitos de rendimiento significativamente diferentes. El baloncesto prioriza un alto rebote y una respuesta rápida, requiriendo una tasa de rebote de la pelota ≥93%, un coeficiente de fricción por deslizamiento de alrededor de 0,5 y una superficie de alta dureza para permitir movimientos explosivos. El bádminton requiere un coeficiente de fricción aún menor (alrededor de 0,4) para facilitar las paradas de deslizamiento de los atletas, además de una superficie antirreflectante. Las pistas de tenis de mesa priorizan la planitud (≤2 mm/2 m) y el bajo nivel de ruido para no interferir con la concentración de los jugadores. La gimnasia, la danza y el yoga priorizan la amortiguación, requiriendo una tasa de absorción de impactos superior al 55% para prevenir lesiones por impacto al aterrizar. Los gimnasios multifuncionales deben lograr un equilibrio entre diversos indicadores y suelen utilizar sistemas de Clase B (de entrenamiento). Las normas internacionales clasifican los suelos deportivos en Clase A (competitiva) y Clase B (de entrenamiento). El primero es adecuado para Juegos Olímpicos, Campeonatos Mundiales, etc., mientras que el segundo es adecuado para escuelas y comunidades. Por lo tanto, el propósito principal debe definirse claramente desde el principio del proyecto para evitar un diseño universal que genere un rendimiento redundante o insuficiente. Una combinación precisa es esencial para maximizar el uso del suelo.

