En la construcción de instalaciones deportivas, la idea errónea más común es que «un solo piso es suficiente». En realidad, cada deporte tiene requisitos muy diferentes en cuanto a las propiedades mecánicas del suelo, lo que requiere un diseño a medida.

Baloncesto: Se prioriza un alto rebote y una respuesta rápida. El rebote de la pelota debe ser ≥90% y la deformación vertical debe controlarse entre 2,5 y 3,5 mm para amortiguar el impacto del aterrizaje y garantizar una potencia explosiva durante los saltos. El coeficiente de fricción idealmente debe estar alrededor de 0,5 para soportar frenadas repentinas y cambios de dirección sin resbalar.
Bádminton: Extremadamente sensible al coeficiente de fricción por deslizamiento, idealmente entre 0,45 y 0,55. Los atletas necesitan deslizarse con frecuencia para salvar la pelota; una fricción excesiva puede provocar distensiones en las rodillas, mientras que una fricción insuficiente puede causar pérdida de control y caídas. Al mismo tiempo, el rebote de la pelota no debe ser demasiado alto (debido a la ligereza de los volantes de bádminton), por lo que la dureza de la superficie puede ser ligeramente inferior a la de una cancha de baloncesto.
Voleibol: Similar al baloncesto, pero con mayor énfasis en la absorción de impactos (≥55%). Debido a las frecuentes paradas de los jugadores, se exige mayor protección en hombros, codos y caderas.
Gimnasia y danza: Se recomienda un sistema ligeramente más blando con una deformación vertical de 4,0-5,0 mm y una tasa de absorción de impactos >60% para mejorar la amortiguación. La superficie debe ser extremadamente plana, sin costuras ni irregularidades, para evitar errores de movimiento.
Gimnasia: Se debe equilibrar la zona de peso libre (alta capacidad de carga, resistencia al impacto) y la zona de cardio (elasticidad moderada). Normalmente, se utiliza un diseño zonificado: tableros compuestos de alta densidad para la zona de equipamiento y suelo deportivo estándar para la zona de entrenamiento.
Por lo tanto, los recintos profesionales deben definir claramente las funciones principales y secundarias durante la fase inicial de diseño, y los ingenieros deben ajustar los parámetros de rendimiento correspondientes. La aplicación ciega de «estándares generales» puede generar riesgos de seguridad o una disminución de la experiencia del usuario.

