Con la creciente popularidad de los conceptos de construcción sostenible, el rendimiento ambiental de los suelos de madera deportivos está recibiendo cada vez más atención. El respeto al medio ambiente se refleja principalmente en tres aspectos: el origen de la materia prima, el procesamiento y la seguridad de uso.

En primer lugar, los suelos de madera deportivos de alta calidad deben utilizar recursos forestales talados legalmente y gestionados de forma sostenible. Por ejemplo, el arce con certificación FSC (Forest Stewardship Council) o la madera europea con certificación PEFC garantizan el equilibrio ecológico. El roble nacional, si procede de plantaciones o zonas de tala que cumplen con las normas, también cumple con los principios de sostenibilidad.
En segundo lugar, se deben evitar los adhesivos con alto contenido de formaldehído durante el procesamiento. El contrachapado de la capa portante debe cumplir con las normas ambientales E0 o ENF (emisión de formaldehído ≤0,025 mg/m³), y el revestimiento de la superficie debe ser preferiblemente pintura UV a base de agua, libre de benceno y metales pesados, inodoro tras la construcción y que garantice la salud respiratoria de los atletas.
En tercer lugar, los suelos de madera deportivos deben ser reciclables. Una vez desgastada la capa superficial, se puede repintar y lijar de 3 a 5 veces para prolongar su vida útil. Tras su eliminación, la madera se puede triturar para obtener combustible de biomasa o como materia prima para tableros reciclados, reduciendo así los residuos de construcción.
Cabe destacar que los suelos deportivos de madera maciza no contienen materiales no degradables como plásticos y metales, y su huella de carbono a lo largo de todo su ciclo de vida es mucho menor que la de los suelos deportivos de PVC o caucho. Por lo tanto, en el marco de los objetivos de doble carbono, elegir suelos deportivos de madera respetuosos con el medio ambiente no solo es una responsabilidad con la salud, sino también un compromiso con el futuro del planeta.

