Como infraestructura fundamental de las instalaciones deportivas profesionales, la elección de los materiales para los pavimentos deportivos de madera determina directamente su adaptabilidad a las actividades deportivas, su durabilidad y su seguridad.

Actualmente, los materiales más comunes en el mercado se dividen en dos categorías principales: pavimentos deportivos de madera maciza y pavimentos deportivos de madera compuesta. Estos dos tipos difieren significativamente en su composición, rendimiento y aplicaciones. Los pavimentos deportivos de madera maciza utilizan maderas duras naturales como materia prima, como el arce, el roble y el fresno. El arce, material preferido para competiciones internacionales, tiene una densidad moderada (650-700 kg/m³) y un excelente módulo de elasticidad. Su textura superficial es fina y uniforme, y su coeficiente de resistencia al desgaste es ≤0,4, lo que reduce eficazmente el riesgo de resbalones para los atletas. El roble, por su parte, es conocido por su alta resistencia y resistencia al impacto, con una dureza superior a 1000 Janka. Es ideal para instalaciones deportivas de alta intensidad como baloncesto y voleibol, y su coste de materia prima es relativamente asequible, lo que la convierte en una opción popular para instalaciones pequeñas y medianas en China. La principal ventaja de la madera maciza reside en su elasticidad natural y la agradable sensación al tacto. La elasticidad natural de las fibras de la madera absorbe el impacto de la actividad deportiva, reduciendo el daño en las articulaciones. Sin embargo, es necesario un mantenimiento regular para solucionar los problemas de deformación causados por los cambios de temperatura y humedad. Los suelos deportivos de madera compuesta constan de una capa superficial resistente al desgaste, un núcleo y una capa inferior de equilibrio. La capa superficial suele ser de chapa de arce o roble, mientras que el núcleo es de madera contrachapada o tablero de fibra de alta densidad (HDF). Sus principales ventajas son su alta estabilidad; mediante un proceso de laminado cruzado, contrarresta eficazmente la tensión de expansión y contracción unidireccional de la madera, y su contenido de humedad se controla entre el 8 % y el 12 %, adaptándose a diferentes climas regionales. Además, tiene menores costos de producción, ofreciendo una excelente relación calidad-precio y lo hace adecuado para escenarios de uso de baja a media intensidad, como gimnasios y estadios escolares. Sin embargo, la elasticidad de los materiales compuestos depende principalmente del diseño de la estructura de la capa central, lo que resulta en una sensación ligeramente menos confortable al pisar en comparación con la madera maciza. Asimismo, el grosor de la chapa superficial afecta directamente su vida útil; una capa superficial típica de 1,2 mm de grosor tiene una vida útil de entre 8 y 10 años, mientras que los suelos de madera maciza pueden extenderse hasta 15 o 20 años mediante el repintado.

