En la selección de materiales para suelos deportivos de madera, además del tradicional arce, el roble se ha convertido gradualmente en la opción preferida para muchos centros deportivos de gama media y alta debido a su excelente relación calidad-precio y durabilidad. Como miembros importantes de la familia de las maderas duras

tanto el roble como el arce presentan ventajas propias en cuanto a rendimiento. Sus características únicas los hacen más adaptables a escenarios específicos, especialmente adecuados para zonas de entrenamiento y espacios deportivos multifuncionales con altos requisitos de resistencia al desgaste. En cuanto a sus propiedades físicas básicas, el roble tiene una densidad en seco de 0,76 g/cm³, superior a la del arce duro norteamericano (0,68 g/cm³), y su resistencia a la compresión en la dirección de la veta alcanza los 83 MPa. Esto significa que los suelos deportivos de roble ofrecen un mejor rendimiento en términos de resistencia al desgaste y a la compresión. En la práctica, la fricción frecuente del calzado deportivo y el manejo del equipamiento puede provocar fácilmente desgaste en la superficie del suelo. La alta densidad del roble contribuye a prolongar la vida útil del suelo. Los datos muestran que el ciclo de desgaste promedio de los pisos deportivos de roble es entre un 15 % y un 20 % mayor que el del arce, lo que los hace especialmente adecuados para instalaciones deportivas públicas donde el tiempo de uso diario promedio supera las 8 horas. La estructura de la veta del roble también ofrece ventajas idóneas para campos deportivos. Su veta natural, recta o diagonal, es densa y está distribuida uniformemente. Tras un procesamiento fino, la rugosidad superficial se puede controlar dentro del rango Ra≤6 μm, lo que garantiza un buen agarre para los atletas y previene accidentes causados por una veta excesivamente gruesa. A diferencia de los tonos claros del arce, el roble presenta principalmente tonalidades que van del marrón amarillento claro al marrón oscuro, con un color estable y sofisticado. La variación de color de la madera es mínima, lo que requiere un acabado mínimo para lograr un efecto visual uniforme, reduciendo así los costos de material y las dificultades de procesamiento de los recubrimientos posteriores.

