La instalación de un suelo deportivo es un trabajo altamente especializado que afecta directamente su vida útil y rendimiento deportivo. Una instalación incorrecta puede provocar abombamientos, ruidos extraños e incluso riesgos de seguridad.

El primer paso es el tratamiento de la base. El suelo debe estar nivelado, seco y limpio. Normalmente se utiliza mortero autonivelante para lograr una planitud con un error inferior a 2 mm. Si el contenido de humedad de la base es demasiado alto, primero se debe realizar un tratamiento antihumedad; de lo contrario, el suelo se deformará con el tiempo.
El segundo paso es colocar la membrana antihumedad y la almohadilla amortiguadora. Las juntas de la membrana deben sellarse con cinta adhesiva, y la almohadilla se instala según el diseño, sin superponer las uniones. Este paso determina si el efecto de amortiguación es uniforme.
El tercer paso es instalar los paneles. Para suelos de madera maciza, se suele utilizar instalación flotante o sobre rastreles. Se deben dejar juntas de dilatación (aproximadamente 3-5 mm) entre paneles para adaptarse a los cambios de temperatura y humedad. Los suelos de PVC se unen mediante clic o adhesivo total, y las juntas deben presionarse firmemente con rodillo.
El cuarto paso son los remates y los rodapiés. Los bordes se fijan con perfiles especiales, y los rodapiés no solo embellecen sino que también sujetan el borde del suelo. Finalmente se realiza la limpieza superficial y la inspección, verificando la planitud, el tamaño de las juntas y la ausencia de huecos.
Las precauciones clave incluyen: temperatura ambiente de 15°C a 25°C, humedad del 40% al 60%; el suelo debe llevarse al lugar 48 horas antes para «aclimatarse»; no instalar en días lluviosos ni cuando la base no esté completamente seca. Solo siguiendo rigurosamente el proceso se puede aprovechar al máximo el rendimiento del suelo deportivo.

