Las maderas para tableros deportivos se reducen principalmente a tres: arce, roble y abedul arceado. Cuál elegir depende de tu presupuesto y el tipo de uso.

El arce es la primera opción para competiciones profesionales. De color blanco amarillento con vetas finas y rectas, su mayor virtud es el equilibrio perfecto entre dureza y elasticidad. El rebote de balón se mantiene entre 92%–95% y la absorción de impacto es excelente. Además, el suelo claro hace que la cancha luzca más brillante y profesional; las pistas de la NBA y la CBA usan casi exclusivamente arce. Su desventaja es el precio más alto y su sensibilidad a los cambios de humedad, lo que exige un control estricto del ambiente interior.
El roble es el rey de la relación calidad-precio. De tono amarillo-marrón con hermosas vetas en forma de montaña, es incluso más duro que el arce y muy resistente al desgaste. Ideal para gimnasios escolares y polideportivos de alto tránsito. Sus desventajas: vetas más gruesas y rebote de balón ligeramente inferior (90%–92%); además, el contraste visual con balones claros es menor sobre un fondo oscuro.
El abedul arceado es la opción intermedia. Su color queda entre el arce y el roble; sus vetas son más finas que las del roble pero más marcadas que las del arce. Dureza y elasticidad son moderadas. Cuesta un 15%–20% menos que el arce y el rebote alcanza 91%–93%. Es ideal para centros de entrenamiento de gama media-alta y salas de danza.
Consejo rápido: para competición elige arce; para entrenamiento y uso intensivo elige roble; si buscas equilibrio entre presupuesto y estética, elige abedul arceado. No te dejes convencer por quien diga que «el roble es inferior al arce» —simplemente tienen características distintas, ninguno es objetivamente mejor.

