Estrategias de renovación y mejora de suelos en pabellones existentes

Cuando un suelo deportivo presenta desgaste, decoloración o pérdida de rendimiento, la sustitución integral rara vez es la única salida ni necesariamente la más económica. Una evaluación sistemática del estado combinada con una estrategia de intervención graduada suele permitir recuperar entre el ochenta y el noventa por ciento del valor de uso con solo entre el treinta y el cincuenta por ciento del coste.
El primer paso es la inspección no destructiva y la clasificación del estado. Elaborar un mapa de distribución del rendimiento en toda la pista mediante medidores de humedad, durómetros, ensayos de rebote con caída de pelota y medición del coeficiente de fricción, complementado con inspección endoscópica de la cámara de largueros y del estado de las almohadillas, permite clasificar el suelo en cuatro niveles: nivel A, que solo requiere limpieza y retoque del barniz; nivel B, que necesita lijado y renovación con reaplicación; nivel C, con daños estructurales localizados que exigen sustitución de paneles o almohadillas antes de renovar; y nivel D, cuando las grietas, la pudrición o las cazoletas superan el treinta por ciento de la superficie, recomendándose entonces la demolición y reconstrucción integral. Una clasificación clara evita tanto reparaciones excesivas como el encubrimiento de fallos estructurales bajo un barniz nuevo.
El lijado y renovación es la intervención más habitual en suelos de madera. El proceso estándar comprende un lijado grueso para eliminar el recubrimiento antiguo y la capa oxidada, un lijado fino para nivelar la superficie, el tapado de juntas, la eliminación de polvo y la aplicación de imprimación y barniz. La profundidad de lijado debe controlarse rigurosamente: el margen lijable de un panel macizo suele ser de solo tres a cuatro milímetros, consumiendo cada intervención entre cero coma cinco y un milímetro, lo que significa que un panel de veinticinco milímetros soporta como máximo entre cuatro y seis renovaciones a lo largo de su vida. Registrar el espesor eliminado en cada renovación y anotarlo en el expediente del pabellón constituye un dato esencial para estimar la vida remanente. En paneles delgados o ya renovados varias veces, conviene sustituir el lijado tradicional por un lijado ligero tipo tamiz o por decapado químico, preservando al máximo el espesor del material

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio