El rendimiento óptico del suelo deportivo suele pasarse por alto, pero afecta directamente al confort visual de los deportistas y a la calidad de la competición. Las superficies extensas de alto brillo generan reflejos especulares bajo iluminación intensa, formando manchas deslumbrantes que interfieren en la判断 de la trayectoria del balón y deterioran la calidad de la imagen televisiva.

El deslumbramiento se clasifica en deslumbramiento incapacitante y deslumbramiento molesto. El primero reduce la sensibilidad al contraste del ojo humano, dificultando que los deportistas vean con claridad los objetos en rápido movimiento; el segundo, aunque no deteriora directamente la función visual, provoca fatiga ocular y pérdida de atención. El grado de brillo superficial es el parámetro clave para controlarlo: se exige habitualmente un acabado mate o semimate, con un brillo comprendido entre veinte y cuarenta grados (medido a un ángulo de sesenta grados).
La combinación del color del suelo con la iluminación también es relevante. Los suelos claros de arce tienen una reflectancia elevada, de aproximadamente un treinta y cinco a un cuarenta y cinco por ciento, lo que mejora la uniformidad lumínica global de la pista, pero también facilita la aparición de manchas reflejantes. Los suelos oscuros presentan una reflectancia baja y menor riesgo de deslumbramiento, pero requieren una mayor potencia luminosa para alcanzar los mismos niveles de iluminancia. Las normas de iluminación para pabellones deportivos exigen una iluminancia horizontal mínima de quinientos lux en la zona de competición y una vertical no inferior a trescientos lux, con una uniformidad de iluminancia superior a cero coma siete.
El esquema de disposición de las luminarias debe diseñarse de forma coordinada con las características del suelo. El uso de iluminación indirecta o de luminarias con distribución asimétrica de la luz, dirigiendo el flujo principalmente hacia techos y paredes para su reflexión difusa

