En el contexto global de lucha contra el cambio climático, las emisiones de carbono en la construcción y operación de pabellones deportivos están recibiendo cada vez mayor atención. El suelo deportivo, como material fundamental en la construcción de pabellones

tiene en la gestión de su huella de carbono a lo largo del ciclo de vida un tema central para la sostenibilidad del sector. Desde la obtención de materias primas, la producción y fabricación, el transporte y la instalación, hasta el uso, mantenimiento y eliminación final, cada etapa encierra un potencial de reducción de carbono.
La selección de materias primas es el punto de partida de la gestión de la huella de carbono. Los suelos deportivos de PVC tradicionales tienen como materia prima principal el policloruro de vinilo de origen petroquímico, cuyo proceso de producción genera elevadas emisiones de carbono. El PVC de base biológica, fabricado a partir de etanol de caña de azúcar, reduce su huella de carbono en más de un cuarenta por ciento en comparación con el PVC tradicional. Los suelos deportivos de madera emplean recursos madereros renovables, y la madera, durante su crecimiento, absorbe dióxido de carbono, generando un efecto natural de sumidero de carbono. No obstante, debe garantizarse la legalidad del origen de la madera, optando por productos forestales sostenibles certificados por el Consejo de Administración Forestal.
La eficiencia energética y la reducción del consumo en la producción y fabricación constituyen el eslabón clave para la reducción de carbono. Las empresas fabricantes de suelos deben optimizar sus procesos productivos, mejorar la eficiencia en el uso de la energía y adoptar fuentes de energía renovable para su suministro eléctrico. El proceso de calandrado de los suelos deportivos de PVC requiere un elevado consumo energético, pero mediante la mejora de la eficiencia de los equipos y la recuperación del calor residual, es posible reducir el consumo energético por unidad de producto entre un veinte y un treinta por ciento.

