El mantenimiento regular del suelo deportivo es la garantía fundamental para prolongar su vida útil y preservar sus propiedades de rendimiento. A diferencia de los materiales de pavimentación convencionales, el suelo deportivo debe conservar

simultáneamente propiedades funcionales como la absorción de impactos, la elasticidad, el coeficiente de fricción y la uniformidad del rebote de la pelota, por lo que sus requisitos de mantenimiento son considerablemente más complejos.
La limpieza diaria constituye la base del mantenimiento del suelo deportivo. El polvo, la arena y las partículas de suciedad depositadas sobre la superficie del suelo actúan como abrasivos microscópicos que, bajo la fricción del calzado, erosionan gradualmente la capa superficial, provocando pérdida de brillo, decoloración y reducción del coeficiente de fricción. Se recomienda utilizar una mopa húmeda o una barredora automática para la limpieza diaria, evitando el uso de escobas duras que puedan rayar la superficie del suelo. El agua de limpieza debe ser limpia, y se debe cambiar con frecuencia para evitar que la suciedad se vuelva a depositar sobre el suelo.
La selección del agente de limpieza es un aspecto crítico que a menudo se pasa por alto. Los productos de limpieza alcalinos fuertes, los disolventes orgánicos y los detergentes abrasivos pueden dañar la capa protectora superficial del suelo, provocando decoloración, hinchazón y desprendimiento. Se deben utilizar productos de limpieza neutros desarrollados específicamente para suelos deportivos, que no solo eliminan eficazmente las manchas, sino que también protegen la integridad de la capa superficial del suelo. Tras la limpieza, se debe secar la superficie del suelo a tiempo para evitar que la humedad penetre en las juntas y dañe la estructura interna.

