El sistema de suelo deportivo modular representa una de las direcciones más importantes en la evolución tecnológica del suelo; mediante la combinación y ensamblaje de elementos unitarios estandarizados, posibilita la instalación, el desmontaje y la reutilización rápida del suelo

ofreciendo una solución flexible para pabellones de eventos temporales y recintos polivalentes.
El núcleo del diseño modular reside en la estandarización de los elementos unitarios y la precisión del sistema de uniones. Cada módulo unitario presenta unas dimensiones y unos parámetros de rendimiento uniformes, y sus bordes incorporan estructuras de enclavamiento o de clip de precisión; los módulos adyacentes se conectan entre sí mediante estos enclavamientos, formando un sistema de suelo completo. La resistencia de la unión entre módulos debe satisfacer las exigencias de las cargas deportivas, de modo que no se produzcan desenganches ni levantamientos durante las frenadas bruscas y los cambios de dirección de los deportistas. Al mismo tiempo, la estructura de unión debe permitir los pequeños desplazamientos por dilatación y contracción térmica entre módulos, evitando así que el suelo se abombe debido a las variaciones de temperatura.
La capacidad de montaje y desmontaje rápido constituye la ventaja principal del suelo modular. La instalación de un suelo deportivo convencional requiere diversas fases, como el tratamiento de la base, la colocación de la capa impermeabilizante, la colocación de la capa elástica, la colocación de la capa superficial y el trazado de líneas; todo este proceso suele durar varias semanas. La instalación del suelo modular, en cambio, se simplifica notablemente: los operarios solo deben ensamblar pieza a pieza los módulos prefabricados según la disposición prevista, y una cancha de baloncesto estándar puede quedar instalada en un solo día, mientras que el desmontaje resulta aún más rápido.
La capacidad de reutilización del suelo modular le confiere una ventaja significativa en cuanto a coste a lo largo de su ciclo de vida. Los suelos convencionales, una vez desmontados, generalmente no pueden volver a utilizarse, mientras que el suelo modular puede desmontarse y remontarse decenas de veces sin que ello afecte a su rendimiento.

