Los pabellones deportivos son lugares de gran afluencia de personas, y la resistencia al fuego del suelo deportivo afecta directamente a la seguridad de evacuación y a la eficacia de las operaciones de rescate en caso de incendio. Las normativas de edificación y los estándares de instalaciones deportivas de cada país establecen requisitos claros sobre el nivel de resistencia al fuego del suelo deportivo.

La clasificación del comportamiento ante el fuego es el indicador básico para evaluar la resistencia al fuego del suelo deportivo. La normativa europea clasifica los revestimientos de suelo según su comportamiento ante el fuego en grados que van de A1 a F, donde A1 corresponde a materiales no combustibles, B a materiales de difícil combustión y C a materiales combustibles. Los grandes pabellones deportivos suelen exigir que el suelo deportivo alcance al menos el grado B o superior, garantizando así que, en las fases iniciales de un incendio, no actúe como combustible que propague las llamas.
La densidad de humo y la toxicidad de los gases son indicadores frecuentemente subestimados en la evaluación de la seguridad contra incendios. La principal causa de víctimas mortales en un incendio no son las llamas en sí, sino el humo denso y los gases tóxicos. Los suelos deportivos de PVC pueden liberar gases tóxicos como el cloruro de hidrógeno al arder, mientras que los suelos de caucho natural y poliuretano presentan una menor toxicidad de humo. Algunos pabellones de gama alta exigen en sus adquisiciones que los productos de suelo superen la prueba del cono calorimétrico, proporcionando datos detallados sobre el grado de densidad de humo y el índice de toxicidad de los gases.
La incorporación de retardantes de llama es una técnica habitual para mejorar la resistencia al fuego del suelo. La adición de retardantes inorgánicos como el hidróxido de aluminio y el hidróxido de magnesio permite que, a altas temperaturas, se libere agua de cristalización absorbiendo calor y, al mismo tiempo, se forme una capa de carbón aislante en la superficie del material, ralentizando la propagación de las llamas. Sin embargo, la incorporación de retardantes puede afectar a las propiedades elásticas y a los indicadores medioambientales del suelo, por lo que es necesario alcanzar un equilibrio entre el rendimiento ignífugo y el rendimiento deportivo.

