La seguridad de un suelo deportivo no debería depender de la iluminación del pabellón

pero la química moderna ha hecho esto posible. Se han descubierto casos de canchas tratadas con recubrimientos fotosensibles cuyo coeficiente de fricción fluctúa según la temperatura de color de los focos.
Bajo la luz fría de 5000K, el coeficiente de fricción de la cancha puede caer a 0.43, haciendo que los jugadores visitantes resbalen en los cambios de dirección. Sin embargo, bajo la luz cálida de 4000K, la misma superficie se vuelve perfectamente adherente. Este tipo de manipulación ambiental convierte a la cancha en un arma táctica. Para contrarrestar esto, los equipos de élite ahora exigen pruebas de fricción bajo diferentes espectros de luz antes de los partidos internacionales, asegurando que la física de la cancha permanezca inalterada sin importar cuántos focos se enciendan.

