La perfección de un suelo deportivo no comienza con la madera o el PVC, sino con la losa de hormigón subyacente.

Un error de cálculo en la base se transmitirá directamente a la superficie final. Las normativas exigen que la base tenga una planitud extrema (tolerancias de 3 mm en 2 metros) y una pendiente mínima para evitar el estancamiento de agua.
Para lograr esto, los instaladores utilizan técnicas de nivelación con láser y compuestos autonivelantes de alta resistencia. Cualquier punto bajo se rellena, y cualquier punto alto se pule. Además, la base debe estar libre de grietas estructurales y sellada contra la humedad. Invertir tiempo y recursos en preparar la base es la decisión más inteligente de cualquier proyecto deportivo; es el cimiento que sostendrá décadas de saltos, impactos y vibraciones sin ceder.

