En deportes como el baloncesto o el voleibol, la consistencia del rebote de la pelota es tan importante como la seguridad de los jugadores.

Imagina que la pelota bota de manera diferente en la línea de tiro libre que en la zona de la canasta; eso arruinaría por completo la técnica de los atletas. Los suelos deportivos profesionales están diseñados para eliminar cualquier «punto muerto» de elasticidad, garantizando un rebote uniforme en toda la superficie.
Según las normativas internacionales, una pelota de baloncesto reglamentaria lanzada desde 1.8 metros de altura debe rebotar al menos un 90% de la altura que lo haría sobre una losa de hormigón. Los mejores suelos deportivos pueden alcanzar un rebote del 98%. Esta capacidad de devolver la energía cinética de la pelota no solo asegura la equidad en la competición, sino que también facilita el ritmo del juego. Un suelo con mal rebote obliga a los jugadores a esforzarse más y altera la mecánica del deporte, mientras que un suelo profesional hace que el juego fluya de manera natural y predecible.

