Un suelo deportivo es una inversión importante, y su mantenimiento adecuado es esencial para protegerla.

El enemigo número uno de cualquier suelo deportivo es la arena y el polvo. Las partículas de arena actúan como papel de lija bajo las zapatillas, rayando la superficie y destruyendo el tratamiento antideslizante. Por eso, es fundamental colocar alfombras de entrada en todas las puertas y barrer o aspirar el suelo diariamente.
Para la limpieza, nunca se deben usar productos domésticos abrasivos, lejía o ceras que dejen la superficie resbaladiza. Lo ideal es usar mopas de microfibra ligeramente humedecidas con limpiadores neutros específicos para suelos deportivos. En el caso de los suelos de madera, la humedad es un riesgo; el agua no debe acumularse nunca, ya que puede deformar la madera. Además, se debe evitar el uso de calzado de calle, tacones o zapatos con suela negra que puedan dejar marcas. En los gimnasios, es vital usar protectores de goma bajo las máquinas pesadas para evitar hundimientos permanentes. Con estos sencillos hábitos de uso y limpieza, un suelo deportivo puede mantener sus propiedades de seguridad y su aspecto impecable durante muchos años, ahorrando costosas reparaciones.

